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20/08/2007 - 07:19

Lengua y televisión pública

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Soy un ciudadano que paga sus impuestos en Valencia. En 1986 sintonicé por primera vez la televisión pública catalana. Para ello, tuve que autofinanciarme una antena individual y los correspondientes artilugios técnicos.

La señal de TV3 era una novedad sociolingüística en un mapa comunicativo valenciano de televisión monolingüe en castellano. Poco después, estas mismas emisiones de la CCRTV llegaron a mi comarca gracias a los repetidores que instaló ACPV. Compré y vendí bonos populares para sufragar la campaña cívica por la recepción generalizada de la TV3. La novedad impuso retoques en la antena de mi comunidad de vecinos que pagamos a escote. La cultura de peaje se confirmaba entre nosotros, los valencianos. Paralelamente, se creó RTVV, que ahora emite un canal en la lengua propia del país y otro que se reparte mitad y mitad con la lengua oficial del estado. Pero la televisión en castellano, pública y privada, aumenta sin cesar gracias a las concesiones de licencias de televisiones privadas y también a la evolución tecnológica, imparable por cable y por satélite y en los servicios conexos de la televisión por ADSL o al móvil.

El pasado agosto, las emisiones analógicas de TV3 sobre el País Valenciano migraron a TDT. En plena canícula y sin previo aviso, tuve que correr a comprar un descodificador que leyera la nueva tecnología. Poco después, el gobierno valenciano amenazó con precintar los repetidores de ACPV que sufragamos los ciudadanos y dejarnos sin la posibilidad de gozar de la lengua catalana en la intimidad. Mientras tanto, el mismo gobierno valenciano ha concedido licencias de televisión digital terrestre (TDT) de ámbito autonómico y local-comarcal sin ninguna exigencia en cuanto al uso de las lenguas oficiales. Lo cual, unido a las TDT de ámbito estatal, provocará un aumento exponencial de las emisiones televisivas en castellano sobre el país.

Parecería lógico que este crecimiento de la densidad informativa del sector privado y en castellano comportara otro correlativo del sector público y en catalán. El juego de las compensaciones es imprescindible para mantener una cierta cohesión social. A mi parecer, haría falta, en este sentido, un pacto de colaboración entre las televisiones públicas del ámbito catalanoparlante para reforzar un espacio público cada día más colonizado por los intereses privados, que son monolingües en castellano por interés y convicción. En este contexto, las televisiones públicas tendrían que ser, además, las locomotoras de un sector audiovisual que crea y cree al mismo tiempo "audiencias-mercado" en la lengua del país. Sin esta precondición será difícil que las televisiones privadas opten alguna vez por las emisiones en nuestra lengua. RTVV + CCRTV+ IB3 + RTVE televisiones públicas digitales terrestres tendrían que constituir un terreno de encuentro cultural, lingüístico y también económico que se reforzara mutuamente y constituyera el gran escaparate de un país "posible y normal" que vive, ríe, llora y hace el amor -que no la guerra- en catalán. Y esto vale, seguramente, para las comunidades autónomas de Navarra y el Euskadi oficial y, por supuesto, para Galicia y Portugal -con perdón-.

No estoy seguro de que los gobiernos respectivos estén por la labor, pero creo que se trata de una política pragmática y posibilista, un mecanismo de excepcionalidad cultural imprescindible para matizar los flujos comunicativos globales y los intereses alóctonos de carácter estrictamente mercantil. La reciprocidad de las emisiones entre las señales televisivas que proponen los gobiernos de Cataluña y el País Valenciano, por ejemplo, tendría que ser sólo un primer paso de una estrategia más ambiciosa. La creación del "espacio común de comunicación" que ya reivindicaba hace veinte años Josep Gifreu no debe ser una quimera, sino una estrategia de crecimiento. La tecnología, por una vez, juega a nuestro favor.


Toni Mollà
Profesor de Filologia en la Universidad de Valencia