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23/08/2006 - 12:36

Marta Mata, in memoriam

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A finales del mes de junio, murió Marta Mata, pedagoga catalana de larga y fértil trayectoria. Dedicó su vida a la defensa de la escuela pública y en catalán desde una perspectiva de renovación pedagógica permanente.

Su obra más conocida y fructífera fue, según mi manera de ver las cosas, la creación de l'Escola de Mestres Rosa Sensat (1965) y la recuperación de les Escoles d'Estiu que tanto han contribuido a un modelo de escuela laica, antiautoritaria, coeducativa y enraizada en el medio natural y social. Al margen de su dedicación política posterior, su activismo en el campo de la pedagogía, de la didáctica y de la reivindicación de políticas públicas dotó la escuela catalana de un valor añadido impagable. Su obra personal y, sobre todo colectiva, como corazón y alma de la asociación de enseñantes Rosa Sensat, fue el faro para muchos de nosotros que, en nuestra juventud, nos dedicamos a la enseñanza del y en catalán.

Nos descubrió un modelo escolar que, ya en la época de la república, incorporaba, por ejemplo, las técnicas de Célestin Freinet sobre el texto libre o la utilización didáctica de la imprenta. Un maestro que influyó decisivamente también en colegas valencianos como Carles Salvador, autor de la primera Gramàtica Valenciana moderna, y Enric Soler i Godes, pionero en la enseñanza en catalán en el País Valenciano. Marta Mata y su asociación nos conectaron también con las aportaciones de la educadora y médica italiana María Montessori, para la cual el principio activo del alumno es la pieza clave de la enseñanza. Finalmente, fue gracias a este grupo de renovadores pedagógicos encabezados por Marta Mata que nuestra generación pudo enlazar con el trabajo de otros pioneros de la instrucción pública, desde diferentes perspectivas, como Alexandre Galí o Francesc Ferrer i Guàrdia, el fundador de la propuesta racionalista de la Escuela Moderna.

Conocí directamente a Marta Mata durante una Escola d'Estiu celebrada en Bellaterra (Barcelona). Era poco después de morir Franco y los partidos políticos de la izquierda y el catalanismo se esforzaban en elaborar discursos y propuestas prospectivas. La política lingüística y la escolar eran dos de los centros de renovado interés público. Recuerdo un encendido debate durante el cual algunos representantes del nacionalismo de derechas propugnaban la instauración de una doble red escolar según la lengua de la enseñanza escogida por los padres y alumnos. Marta Mata se revolvía en su silla y se levantaba una y otra vez para defender la red única de la escuela catalana con el catalán como lengua vehicular. Defendía con ello y con empuje juvenil la consideración de la institución escolar como instrumento de la cohesión social y de integración sociolingüística a partir de la lengua catalana.

El éxito de sus razonamientos y de sus propuestas ha sido total, absoluto en su concreción. Los dos gobiernos de la Generalitat de Catalunya, el de Jordi Pujol y el de Pasqual Maragall, han asumido como "política de estado" la necesidad de una red única, flexible y atenta a los cambios sociales, pero con el catalán como instrumento de integración y de promoción social, como lengua instrumental de la enseñanza y como lengua simbólica del país. Los valencianos, desgraciadamente, y contra toda norma de prudencia social, hemos desarrollado el modelo opuesto, su negativo. Los diferentes gobiernos socialistas y también populares han mantenido el castellano como lengua de la enseñanza y el catalán, el valenciano, como opción voluntaria a partir de la libre elección de profesores, alumnos y padres de alumnos. El resultado es, lógicamente, el contrario que el conseguido en Cataluña, con independencia del color del partido gobernante. La escuela valenciana está dividida -y, por lo tanto la sociedad valenciana- en función de las lenguas vehiculares de la enseñanza. La lengua, en vez de ser un instrumento de integración, lo es de desvertebración y de diferencia. Ello es especialmente grave con las nuevas migraciones que llegan al país y que escogen el castellano como lengua de la integración.

Ahora, ante la desaparición de Marta Mata, me vienen a la memoria las viejas aspiraciones, demasiado olvidadas por los responsables de las políticas públicas de las diferentes instituciones en el País Valenciano, incluidas las universidades que, sin que yo logre entender porqué, siguen aquel mismo y equivocado modelo segregacionista de política lingüística escolar. La memoria de Marta Mata nos acompaña con un agradecimiento infinito por su lucidez intelectual y su tenacidad militante desde el cielo de los laicos, un cielo sin ángeles ni demonios.


Toni Mollà
Profesor de Filologia en la Universidad de Valencia