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Hemen zaude:   «La montaña de las lenguas»: las lenguas minoritarias del Cáucaso

Albisteak

« Itzuli albisteetara    

2010-05-16 / 20:07

«La montaña de las lenguas»: las lenguas minoritarias del Cáucaso

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Las lenguas que se hablan en el Cáucaso pertenecen principalmente a tres familias autóctonas: a la del sur del Cáucaso (o kartvelia), a la del oeste del Cáucaso (absajo-adigué) y a la del este del Cáucaso (naj-daguestaníes), además de a las familias turca e indoeuropea.

La lengua más minoritaria del sur caucásico, el svan, en la actualidad cuenta con unos 15.000–20.000 hablantes, todos bilingües ya que también hablan el georgiano. Su transmisión a los niños es limitada.

Una de las lenguas abjasio-circasianas, el ubijé, se extinguió a finales del siglo XX. Entre las lenguas vivas de esta familia, sólo el abaza cuenta como lengua minoritaria, con más de 30.000 hablantes. Sin embargo, goza de categoría oficial, así como de un extendido uso oral y escrito, incluso en los medios de comunicación (por ejemplo en el periódico Abazashta).

La familia más numerosa de las tres es la del este caucásico. La rama naj incluye el checheno y el ingusetio, lenguas oficiales de las repúblicas de Chechenia e Ingushetia, así como el batsbi, que carece de escritura y se habla en un solo pueblo de Georgia. Las 26 lenguas daguestánicas se hablan sobre todo en la zona montañosa de la república de Daguestán, así como en zonas colindantes de Georgia y Azerbaiyán. Los habitantes de dichas regiones suelen hablar como mínimo tres o cuatro lenguas: su lengua materna, las lenguas de sus vecinos más próximos y de la ciudad más cercana, y el ruso (o el georgiano o el azerbaiyano, respectivamente). Aparte de las cinco lenguas principales con tradición escrita (avar, la lengua dargva, lak, lezgi, el tabasarano), las demás se encuentran en mayor o menor medida en peligro.

Muchas lenguas daguestánicas ocupan un territorio muy reducido, y varias (como el archi, godoberi o jinalug) sólo se hablan en un pueblo. Esas remotas aldeas de montaña han mantenido una población relativamente estable de unas mil personas durante siglos. Hoy en día, la situación está cambiando muy rápido. A menudo parece que la vitalidad de una lengua es inversamente proporcional a la accesibilidad de la región (las carreteras siempre han sido un problema; por ejemplo no hubo carreteras de invierno que llegaran a Jinalug hasta el siglo XXI). A medida que se va facilitando el acceso a un lugar, también es más fácil irse. Los jóvenes tienden a desplazarse a pueblos a menos altura y grandes ciudades. Lo más habitual es que los niños que han crecido en ellos no hablen la lengua de sus abuelos.


Alexandre Arkhipov
Lingüista