Albisteak
¿20 años no son nada?

El 9 de octubre de 2009 se cumplirá el vigésimo aniversario del inicio de las emisiones de Canal 9, la primera cadena de televisión de RTVV, el grupo público de comunicación dependiente de la Generalitat Valenciana. Aquel día, los valencianos asistimos ilusionados al primer informativo de la historia en la lengua del país y a la proyección de la versión valenciana de la mítica película Casablanca. Aquellos dos hechos, vistos desde la nostalgia del tiempo transcurrido, fueron los símbolos más llamativos de una quimérica oferta informativa rigurosa y profesional y de la construcción de un imaginario de ficción que situaba nuestra cultura a la altura de las circunstancias que exigían los tiempos modernos.
La misma Ley de Creación de RTVV (Ley 7/1984, del 4 de julio de la Generalitat Valenciana) establecía, entre sus objetivos fundacionales, el ejercicio de la democracia informativa, la normalización lingüística y el incentivo del sector audiovisual. Todo ello en un contexto televisivo compuesto por cinco cadenas monolingües en castellano. Canal 9 se presentaba como un instrumento de vertebración social y como apuesta estratégica del gobierno autónomo para la industria audiovisual, tanto en la producción como el doblaje. Usar la lengua por primera vez en televisión para informar de política internacional o para retransmitir un partido de fútbol entre el Valencia y el Barcelona constituía el efecto de demostración de la verdadera funcionalidad idiomática. Enseñar a la audiencia que su lengua lo era al mismo tiempo de Lauren Bacall, Humphrey Bogart o Marlon Brando tampoco era un objetivo sociolingüístico menor. La RTVV nacía pues como motor de un sector económico-cultural clave en una sociedad postindustrial como la valenciana y como instrumento pedagógico de gran valor. La misma Generalitat de aquel entonces le otorgaba, en sus programas económicos (PEV II y PEV III), un fuerte papel de arrastre sobre una parte del sistema productivo valenciano, imprescindible en una estructura económica caracterizada por una pequeña y mediana empresa sin demanda sostenida en el terreno de las industrias culturales. Los emergentes sectores profesional e industrial del país, sin la colaboración de RTVV, podían quedar al margen -como así ha sido en su mayor parte- de un mercado estatal y europeo cada día más abierto y competitivo.
Han pasado veinte años. La estructura de la comunicación actual ya no tiene nada que ver con aquella. Factores económicos, políticos, tecnológicos y socioculturales la han transformado totalmente. Televisiones públicas y privadas estatales, autonómicas, locales, analógicas y virtuales, se han sumado al ecosistema comunicativo -y sociolingüístico- gracias a los satélites geoestacionarios, a los chips y a los nuevos cables de fibra óptica. La explosión digital ha multiplicado hasta el infinito la capacidad de emisiones y de recepciones en lenguas diferentes a las del país, que, en este nuevo panorama, han subrayado todavía más su condición minoritaria. En este sentido, la última puntilla para nuestra lengua y para nuestra televisión pública ha sido la concesión de las licencias de televisión digital terrestre autonómicas privadas (otorgadas en el País Valenciano a la COPE y Vocento) y las licencias locales-comarcales, todas ellas en manos de empresas sin compromiso alguno con la lengua y la cultura del país en que desarrollan su actividad empresarial. En este proceso de concesión, llama la atención precisamente la ausencia de ningún grupo de comunicación de capital valenciano. Y, por supuesto, la falta de requerimientos lingüísticos por parte de los poderes públicos que han intervenido en la redefinición absoluta del panorama audiovisual y sociolingüístico valenciano.
En medio de este contexto, el grupo RTVV verá reducida su capacidad de influencia social y la lengua de los valencianos perderá espacios y usos. Dos décadas de práctica profesional y empresarial no han servido para consolidar un grupo público de comunicación capaz de acometer las amenazas de los cambios y aprovechar sus evidentes oportunidades de crecimiento. Por su parte, la mayoría de las empresas independientes del sector continúan con una estructura débil, a veces estrictamente coyuntural. De hecho, algunas de las empresas que se autodenominan audiovisuales son, en realidad, "empresas-girasol" creadas a la sombra del encargo oficial concreto, en manos de "empresarios" sin trayectoria en el sector, a la búsqueda del mercado cautivo. Veinte años después, el sector audiovisual valenciano es, en gran parte, un sector asistido y entubado, sin la maduración empresarial que habría sido deseable, sin la profesionalización exigible, sin iniciativas de búsqueda de nuevos mercados en el contexto de aumento exponencial de la competencia y de globalización imparable. El botón de muestra de esta inmadurez es precisamente que el sector independiente valenciano no presentó ofertas contundentes a la adjudicación de las TDT.
Finalmente, el futuro de la lengua exige una televisión pública en la lengua del país, pero también un sector audiovisual fuerte y competido que sitúe las industrias culturales como el espacio simbólico de la comunidad lingüística. Por si fuera poco, veinte años después, la lengua de Lauren Bacall, Humphrey Bogart y Marlon Brando ha vuelto a ser el castellano (!).
Toni Mollá
Periodista y autor del Manual de sociolingüística
